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Biogás: conducción limpia gracias a los residuos

El biogás, la estrella de la economía circular, se produce a partir de nuestros residuos. De este recurso gratuito, se obtiene un carburante alternativo que reúne todas las virtudes medioambientales. Su combustión no emite partículas y garantiza la neutralidad de carbono.

La industria del automóvil sigue cuestionándose y esforzándose para producir de forma más limpia. ¿Los carburantes alternativos podrían convertirse en una respuesta privilegiada? Probablemente así sea en el caso del biometano, cuya producción es más sostenible que la del metano de origen fósil. Efectivamente, muchos motores funcionan con metano, también conocido como GNV (gas natural vehicular). Aunque suele obtenerse de yacimientos fósiles, también puede ser producido de forma continua por la naturaleza. Los microorganismos generan biogás, compuesto principalmente por CO2 y metano, al descomponer los residuos orgánicos. Este metano de origen biológico se llama biometano. Se separa de los demás componentes de biogás mediante una operación de purificación. Una molécula de metano fósil produce un efecto invernadero al menos veinte veces mayor que una molécula de CO2. Al recoger el metano procedente de la descomposición natural de la biomasa, se obtiene un carburante ecológico y se limita la emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.

Conducir gracias a los residuos: la neutralidad de carbono al alcance de la mano

Una de las formas más seguras de avanzar hacia la neutralidad de carbono es el uso de un carburante alternativo como el biogás, en particular porque todos los residuos aptos para la fermentación pueden utilizarse para producirlo. Tanto los residuos domésticos como el fango de las estaciones depuradoras o los residuos agrícolas y forestales pueden convertirse en biogás. De un modo más amplio, se puede utilizar toda la biomasa, es decir, toda la materia orgánica de origen animal o vegetal. El biometano que se obtiene mediante su degradación biológica tiene un balance de carbono neutro en la combustión.

El carbono del biogás ya estaba presente en la superficie de la Tierra —en organismos vivos— antes de formar parte del biogás. Luego, este carbono se encuentra en el CO2 que se libera después del uso del biometano como carburante. A continuación, este CO2 será asimilado por las plantas en la fotosíntesis y reincorporado a la biomasa. Como el biometano forma parte del ciclo del carbono, su uso como carburante permite sostener la neutralidad de emisiones de CO2. Por el contrario, el uso de metano fósil extraído de la tierra aumenta la cantidad de carbono en la superficie del planeta, lo que conlleva consecuencias para el clima.

Un carburante alternativo fácil de obtener: el biogás puede producirse a escala local

El biogás es una energía de proximidad, que con facilidad se produce y consume continuamente en un circuito local. Requiere instalaciones relativamente sencillas cuyos costes de funcionamiento corresponden a la recogida de insumos. Dependiendo de los recursos locales, se recogen en un radio de entre 8 y 30 km alrededor del digestor. Gracias al aprovechamiento de los residuos, principalmente agrícolas, la producción del biogás responde perfectamente al desafío de la transición energética al tiempo que desarrolla el crecimiento ecológico.

Además de su uso en el circuito local, el biometano también puede inyectarse en la red de distribución a la que su productor lo vende. En toda Europa, la producción de biogás y su inyección registran niveles de desarrollo variados. Dependen del apoyo del Estado, pero también de la variabilidad del marco reglamentario o de las condiciones tarifarias. A finales de 2019, había en Europa 18 943 plantas de biogás (167 TWh) y 729 plantas de biometano (26 TWh). Para 2030, el 11 % del gas consumido en Europa podría ser de origen renovable (biogás e hidrógeno ecológico).

¿Cómo hacer que una flota funcione con biogás?

Al igual que otros carburantes alternativos, el biogás se ve perjudicado por su distribución limitada. Hoy en día, en comparación con los motores eléctricos, los vehículos de GNV son menos costosos, ofrecen una mayor autonomía y tienen posibilidades de carrozado cercanas a las de los vehículos diésel. En comparación con el hidrógeno, el biogás es más accesible, más maduro y ya es ecológico por naturaleza.

El uso de biometano producido a escala local es factible para una flota cautiva, que circula alrededor de su depósito. A veces se puede utilizar una estrategia tarifaria para llegar más lejos. Como la molécula del biometano es idéntica a la del metano fósil, los distribuidores de gas ofrecen una tarifa correspondiente al biometano en algunos países, entre los que se encuentra Francia. Esta tarifa, más cara que la del metano fósil, cubre los costes de inyección del biometano y permite informar acerca del uso de este beneficioso carburante. A finales de 2019, 150 de las 900 estaciones alemanas que distribuyen GNV vendían solo bio-GNV.

El presidente del grupo de transporte Jacky Perrenot (5500 vehículos), Philippe Givone, ha declarado: «Sigo siendo un ferviente defensor del biometano porque se trata de una fuente de energía virtuosa. Hoy en día, es la que mejor responde a las expectativas operativas y económicas». Conducir aprovechando los residuos gracias al biogás representa hoy una de las soluciones de movilidad más respetuosas con el medio ambiente.

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