Article BTP Puissance
Construcción y Medioambiente

Punto de carga: ¿cómo elegir la potencia adecuada?

El aumento de la potencia de recarga suministrada por un punto de carga reduce el tiempo de inmovilización de un vehículo eléctrico. Pero este método tiene sus consecuencias: altera la vida útil de las baterías y aumenta el coste de las instalaciones de recarga. ¿Cómo elegir bien?

Aunque las empresas son cada vez más conscientes de la importancia de hacer más ecológicas sus flotas, el paso a la tecnología eléctrica plantea ciertas preguntas. La red de puntos de carga es desigual en Europa, pero las empresas pueden apostar por la autonomía de sus vehículos. En este sentido, la elección de la potencia adecuada para el punto de carga resulta fundamental. Aunque las tomas de carga están estandarizadas para favorecer la interoperabilidad (el mercado europeo ha optado por las tomas CCS y de tipo 2 para la carga de los vehículos eléctricos), el usuario debe también determinar el método de carga que mejor se adapte a su uso.

¿Es posible y deseable una alta potencia de carga?

El uso de un vehículo eléctrico debe tener en cuenta su autonomía, pero también los tiempos de parada dedicados a su recarga. Por lo tanto, es tentador aumentar la potencia de carga para reducir este tiempo de inmovilización.

La vida de una batería se expresa en número de ciclos de carga y descarga. La carga completa, la descarga profunda y la carga rápida tienden a reducir el número de ciclos que admite una batería. La tolerancia a la carga rápida a través de puntos de carga de alta potencia está estrechamente ligada a la tecnología de las baterías.

¿Enchufe doméstico, cargador de pared o punto de carga?

Llegado el caso, un enchufe doméstico es suficiente para recargar un vehículo eléctrico ligero. Sin embargo, para eso el vehículo debe estar aparcado en una zona privada. Por motivos de seguridad, en este caso la potencia está limitada a 1,4 kW. Sin embargo, las tomas «reforzadas» permiten 2,3 kW o incluso 3,7 kW.

Un cargador de pared, comúnmente conocido como «wallbox», distribuye hasta 7,4 kW. Se diferencia de una simple toma de corriente doméstica por su disyuntor integrado y por el ajuste instantáneo de la potencia de carga. Al igual que una toma de corriente doméstica, un wallbox suele suministrar corriente alterna que se rectifica a bordo del vehículo.

Para potencias de carga altas, el equipo es más grande y adopta la forma de un punto de carga fijado en el suelo. Es frecuente que este último rectifique la corriente. 22 kW es la potencia máxima permitida por muchos vehículos ligeros, mientras que se considera un mínimo para los vehículos pesados. Algunos de ellos pueden soportar hasta 450 kW. El precio de los puntos de carga depende de su potencia.

El Renault Kangoo Eléctrico puede estar equipado con una batería de 33 kWh y un cargador de a bordo (rectificador) de 7,4 kW. En esta configuración y con un wallbox de 7,4 kW, se carga completamente en 6 horas, lo que significa que la autonomía se recupera a un ritmo de 35 km por hora de carga.

Un uso que depende de la autonomía en torno a los puntos de carga

Si su tamaño lo permite, los vehículos comerciales eléctricos pueden utilizar la red pública de puntos de carga instalados para los coches particulares.

A falta de puntos de carga públicos adaptados, los camiones eléctricos dependen de los instalados en su almacén. Esta situación no afecta demasiado a las flotas cautivas que gravitan en torno a su base. Por eso, los camiones de recogida de basuras son uno de los mercados prioritarios para los camiones eléctricos. También están conquistando el sector de las obras públicas urbanas para intervenciones nocturnas y/o en zonas de bajas emisiones (ZBE).

La elección de la modalidad de alimentación de un vehículo eléctrico no es baladí, es tan importante como la elección del propio vehículo, ya que su eficacia depende de la estrategia de carga aplicada.

Partagez cet article
Compartir este artículo